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miércoles, 26 de agosto de 2015

Recomenzar.... una vez más



Varias han sido las ocasiones en las que he retomado, o al menos he hecho en intento, de (re)escribir este blog, pero como lo dije en el último post de hace ya 9 meses, “… no he podido encontrar las palabras correctas…”.
En ocasiones la autocrítica, muchas veces utilizada para tratar de hacer mejor lo que escribo, me ha dejado al borde de publicar lo que realmente siento, volviendo un voraz censor de mi mismo. Una pena.
En este tiempo de ausencia, he tenido la oportunidad de leer algunas novelas que me han agradado bastante. Salté de los “textos juveniles” a la “literatura seria” de Carlos Ruiz Zafón, con su trilogía del “Cementerio de los libros olvidados”. Tres libros que desde el primer momento me atraparon y me llevaron por una Barcelona mágica, pasada y bien lograda. La forma de entrelazar la historia, dejando siempre cabos sueltos para tener de dónde sostener una trama que al final, no muy de mi agrado, fue bien culminada.
Entre los libros que actualmente leo, son de géneros distintos, pero que me permiten llevar el hilo de cada uno sin enredarme en las historias. Hay uno de periodismo, que relata la captura del Chapo Guzmán (antes de que se les volviera a pelar) de José Reveles y una novela acerca de la muerte de Pitágoras la cual no me ha logrado captar mi atención al cien.
Veamos que tanto influyen estas dos lecturas en las aportaciones que, espero, sean semanales desde este día.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Réquiem de mis últimas horas.


Repentinamente tuve la misma sensación de la noche anterior… traté de reaccionar, que ahora no me afectara, pero fue imposible, la música ya había entrado en mis oídos… sufrí el gozo de sentirme vivo y recé, lloré, reí, grité, callé, mentí, viví, todo, a un mismo tiempo. Ese día fue el más desconcertante y feliz que haya tenido. Un instante después, morí.

Suena la marcha, mí marcha fúnebre. Todos lloran a mí alrededor. Que pena no poder decirles, “señoras y señores, ahora soy feliz, ustedes vivan”.

miércoles, 15 de junio de 2011

¡Ey!, nadie es perfecto...

Esto es cierto. La perfección se puede buscar, con el día a día, y lo que para nosotros es eso, perfecto, alguien más llega y nos demuestra que no es así. Y de nuevo comienza la travesía personal para alcanzarla.

La perfección la alcanza quien no hace caso de lo que pase o se diga a su alrededor. Porque la perfección, muy a diferencia de lo que creemos, sólo se puede ver hacia el interior de cada uno de nosotros.