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martes, 6 de octubre de 2015

Mi experiencia con la "Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma": ASMR.



Uno de los recuerdos más arraigados que tengo de mi abuela materna, es verla planchar en su cuarto casi a diario. Y de esas tardes, recuerdo poco, que mi tía se ponía a platicar con la abuela de cosas que, mmm, la verdad no sé, porque lo hacían susurrando, para que no me enterará de cosas que no debía. Chismes quizás. La cuestión es, que hasta hace poco me enteré qué era lo que cada tarde de planchado, me tenía ahí, sin otro afán que escuchar y relajarme con los susurros. Yo tenía alrededor de seis años.

Hace unos meses, de esas noches en las que te caes de sueño, después de haber leído alrededor de una hora, me disponía a acostarme y descansar. Era casi la una de la mañana. Me lavé los dientes, programé el encendido de la televisión y la alarma de mi teléfono, por aquello de no despertarme a la hora y me acosté. Me recosté en mi costado izquierdo, luego del derecho, boca arriba, boca abajo, de nuevo en mi costado… y así durante los siguientes veinte minutos aproximadamente. Nada, ese sueño que sentía minutos atrás había huido. Oficialmente tenía insomnio.

Fue entonces que encendí mi computadora y busqué en youtube “música para descansar”, “música para dormir” y ¡tómala!, la frase que nunca hubiera imaginado que me llevaría a encontrar lo que me transportaría a mi infancia: “sonidos para relajar”. Entre videos que reproducen los sonidos de ríos, viento, aves y muchos más, comencé a buscar entre lo que me llevaría a encontrarme sueño a sueño con Morfeo. Hasta que vi algo que llamó mi atención: “ASMR en español -uñas (nails)”. Entre que ya no sabía que me pudiera relajar, di clic en ese video, comencé a escucharlo, e inmediatamente comencé a sentir ese cosquilleo que tenía años sin experimentar: ASMR.

Esa noche, después de escuchar por unos cuantos minutos el video, me quedé profundamente dormido. Pero, a la mañana siguiente, comencé a recordar esas sensaciones que tenía cuando niño, y me puse a investigar que es el ASMR. No pretendo explicar en este momento qué es, pero les dejaré algunas ligas para que lo vean. Sólo les comentaré que, lo que yo experimento, es un cosquilleo en la parte posterior de la cabeza, causada por escuchar susurros, agua cayendo en algún recipiente, el sonido del papel siendo cortado lentamente con tijeras… cosas por el estilo. Es simplemente relajante.

Hasta que comencé a escuchar estos videos, creí que era el único “loco” que tenía estás sensaciones, pero, me sorprende la cantidad de personas en el mundo que estamos suscritas a canales de personas que “te susurran al oído”. Mis favoritos son, por ser la primera que escuché y es con quien descubrí este mundo, HellSusurros, también está Susurrosdelsurr, NekoASMR, ASMR Chile y de México Coco Whispers, entre muchos más.

Personas cercanas me han comentado que les desesperan los videos, que les dan weba, que los aburren, en fin, que no les gusta. Lo que les digo es, que lástima que no pueden sentir esto, porque describirlo se vuelve algo difícil. Si tú, lector de esta atalaya de la desinformación eres uno de los que gozamos de esta actividad cerebral, pues que chido, sigamos disfrutando; si no sabes ni de lo que hablo, te invito a escuchar a alguno de los canales que te he puesto, espero puedas vivir esta sensación y disfrutes la experiencia del ASMR.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Séptimo acto... La ausencia

La tarde caía y don Rubén creyó que su reloj se había descompuesto. Pasaban las 7.30 de la tarde y Rebeca no aparecía. Es raro, pensó, extrañado por la puntualidad de la muchacha. Pasaron los minutos y Ángela, ya desesperada, exigía se fueran a casa. Un poco decepcionado por la impuntualidad de la muchacha, el viejo sintió que algo en su estómago no lo dejaba respirar. Sentía angustia de no verla esa tarde.

Antes de doblar la calle, donde la vista del jardín desaparecía, echó una última mirada. Nada. Ella no apareció ese día. Y así fueron los tres días siguientes, con sus mañanas y sus tardes, antes de llegar el fin de semana y que pasaran dos días angustiantes.


Sábado y domingo pasó atareado, buscando en su viejo baúl, los tesoros acumulados en su vida. Eso evitaba pensarla, evitaba extrañarla.

martes, 23 de julio de 2013

Primer acto... El desayuno



Don Rubén camina a paso lento, como cada mañana. Aún no termina de despertar la ciudad y él ya se encamina a la plaza principal, a la banca que desde hace quince años ya, es testigo de esa historia que nunca podía terminar. Hoy era diferente que los demás días. Estaba seguro que hoy alguien podría escuchar lo que tenía que contar.


A las 7.45 de la mañana, Rosita llegó con el café endulzado con miel y la concha. Ni un minuto más ni uno menos, como a él le gustaba.


− Hola señor, ¿cómo amaneció esta mañana?


− Hola Rosita, que tengas un buen día. El mío igual que siempre, con ganas de miar y dificultades para llegar al baño antes de que me gane.


La respuesta siempre era diferente, pero la gracia y picardía nunca variaban. Y como siempre, justo antes de retirarse, la muchacha escuchaba la misma pregunta.


− ¿Quieres escuchar algo verdaderamente interesante?


Y como siempre, ella contestaba lo mismo.


− Lo siento, pero sabe que doña Engracia se encabrona conmigo si no me regreso rápido. Pero mañana seguro que sí.


Dicho esto, daba la media vuelta y regresaba a su trabajo, la fonda de la esquina, sin siquiera despedirse. 

Rubén lo tomaba con sabiduría y pensaba que, más que una grosería, lo hacía para evitar un día llegar con el desayuno y él no estuviera. Algo tenía que excusar la actitud agria de la empleada.
 
Apoyando el vaso en la banca, comenzó por comerse la enorme concha. Una dos tres, cuatro… muchas mordidas y un masticar parsimonioso. Daban las 8.25 y apresuraba a la mandíbula, porque el café ya frio, podía tomarse de un sorbo. Tenía que estar presentable y sin migajas para cuando pasara la piernaslargas, que era la atracción de la plaza a esa hora del día.

martes, 15 de febrero de 2011

jueves, 10 de febrero de 2011

martes, 28 de diciembre de 2010

sábado, 11 de diciembre de 2010

Crónica resumida de mi insomnio

Una de la mañana, escucho el noticiero repetido del día anterior...
Dos de la mañana, desespero al no poder leer y no poder dormir...
Tres de la mañana, escucho los autos en la calle...
Cuatro de la mañana, escucho con detalle los sonidos de mis sueños...

...

6.25 a.m. marca mi despertador... ¡¡¡es hora de levantarse!!! .... Claro, ese día fue fatal...