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miércoles, 24 de febrero de 2016

Silencio: un tesoro muy valioso.



Hay ocasiones en que el quedarse callado es la mejor opción: por ejemplo, cuando no tienes nada que decir, o cuando las cosas que tienes que decir, no reflejarán lo que quieres transmitir...

martes, 13 de octubre de 2015

Salida silenciosa



Cuando Vanesa dio vuelta en la esquina, se percató que estaba sola. No había gente en la calle, apenas dos o tres perros se escuchaban en distintas direcciones, y alejándose. Sintió miedo.

Unas horas antes, después de discutir con su novio, Rubén, salió del departamento que compartían y se echó a caminar sin rumbo, tratando de despejar su mente, para no caer en ese círculo de desgaste de una discusión sin sentido. Prefería darse un espacio antes de continuar una plática que podría llevar horas, y le gustaba hacerlo relajada.

Unas cuadras antes, cuando ya llevaba un par de kilómetros recorridos, deseó con todas sus fuerzas desaparecer, ser invisible y perderse en sí misma. Esta ocasión las cosas habían salido de todo control. Los dos gritaron, patalearon, manosearon y en un punto tenso, se encararon. Un mal entendido que en cualquier otro momento de la relación hubiera sido resuelto con una simple disculpa o un fuerte abrazo acompañado de un beso. Pero la fuerza de la costumbre había llegado a su hogar, que simplemente se había degradado a una estancia compartida.

Rubén cada día trabajaba más horas, preparándose económicamente para el gran día, como él lo llamaba. Le pediría a Vanesa que se casara con él y para eso quería tener una posición relajada. Soñaba con una casa adecuada para formar una familia, perro y auto. La utopía de una familia de película. Pero en el día a día se vio inmerso cada vez más en su trabajo, hasta que el gusto por estar mejor profesionalmente, lo estaba llevando a dejar de lado el objetivo por el cual había iniciado.

Vanesa por su lado, al pasar cada día más tardes a solas, decidió entrar a estudiar. Su sueldo no era mucho, pero le daba para tomar clases de cocina en una modesta academia a unas calles de su departamento. Y de esa manera descubrió que había más cosas en que entusiasmarse que la monotonía de esperar a Rubén y pasar el resto del día viendo televisión. Había muchas actividades que ella quería aprovechar.

Los dos preferían, tácitamente, no estar juntos. Los dos ya habían descubierto nuevas metas personales, a solas, o mejor dicho, separados.

Días después, al despertar, sintió el mismo miedo que le provocó aquella calle desierta. Rubén dormía plácidamente a su lado. Ella no descansaba, trataba de dispersar la telaraña de ideas que en ese justo momento abarrotaban su mente y que la estuvieron abrumando durante semanas. Toda decisión lleva su parte de riesgo, se decía, tratando de ocultar el sentimiento que la asaltaba.

Al despertar Rubén, ella ya se había ido. El departamento parecía más solo que de costumbre y no era para menos, el armario estaba casi vacío, Vanesa se había llevado toda su ropa; el buró estaba con las pocas pertenencias con que contaba él. Se talló los ojos, se rascó la cabeza y se levantó pesadamente, no quería pensar. Desganado, entró a la regadera y tomó un largo baño. El ritual fue lo más normal, lo más cotidiano posible, aun cuando sabía que ella no regresaría. Él lo supo un par de semanas atrás y no le dio importancia, como si prefiriera que ella diera el primer paso y saberse inocente de cualquier reproche, él no era para dar explicaciones. Mientras se vestía, llamó por teléfono a la cafetería y encargó el especial del día. Hizo un par de llamadas más antes de él también irse.

Al salir, tomó sus maletas, aventó el juego de llaves en el sofá, puso el seguro a la puerta y cerró.

P.D.: ninguno de los dos fue malo o bueno, en su relación no valía la culpabilidad. Simplemente ya no estuvieron conformes con su vida juntos. En ocasiones un buen silencio, retirarse a tiempo, es la mejor manera de enfrentar las diferencias.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Buscando la palabra correcta...

Estuve tratando por meses recobrar las palabras que se escapaban de mi imaginación, siguiéndolas a terrenos tan lejanos en mi mente que parecían sacados de mundos imaginarios.

De repente, me topé con ellas. Me miraron retadoras, cínicas. Dieron media vuelta y se alejaron nuevamente. Pero ahora las entendí, entendí su mirada, su plan. No las seguí.

Desde ese momento las espero gustoso, sin ansias, sin desesperación. Ellas vienen a mi con el primer sentimiento de necesitarlas, no antes, pero nunca después. Las palabras correctas siempre llegan, cuando menos las esperas, pero más se necesitan.

martes, 24 de septiembre de 2013

Décimo acto... El tesoro [nadie es tan feliz como cuando recuerda que lo fue]

– Pasa, ven conmigo – le dijo Rebeca a la pequeña Ángela que estaba sentada junto a la puerta, expectante de aquella sorpresiva visita que su abuelo tenía. La niña caminó apenada hacia la joven y se quedó parada frente a ella. En tanto, a unos metros de aquella habitación, Edgar y Lidia se seguían preguntando quién era aquella joven que un par de horas atrás llegó un tanto avergonzada a preguntar por don Rubén.

En ese tiempo, Rebeca y Rubén, como ya se nombraban entre ellos, habían platicado de todo lo que en sus vidas en común había sucedido. Él le platico lo que sintió aquella primera vez que la vio en el jardín. Ella por tanto, comentó todo lo referente a su vida laboral y de cómo sin decirlo, el viejo había llegado a cambiar su vida sin saberlo.

Ángela estaba atenta, como en un partido de tenis, al cambio de turno. Pero en un cierto momento, cuando su abuelo platicaba animoso sobre la vida con su toñita, comenzó a hacerle señas. Y él sabía perfectamente a qué se refería.

– Ahora no Ángela, no es el momento.
– ¿Momento de qué? – preguntó con cierta curiosidad Rebeca.
– Nada, es sólo que mi nieta quiere que juguemos, como ya no salimos al parque, se aburre un poco cuidando a este viejo.

Antes de que la joven volviera a preguntar, Ángela se adelantó.

– Eso no es cierto abuelo, quiero que le enseñes tu tesoro.
– Wow, ¿un tesoro?, ¿acaso aquí hay un tesoro? – preguntó con un tono de fantasía animada por la enorme sonrisa que la pequeña tenía.
– Sí, mi abuelo me dijo que me lo mostraría cuando estuviera un poco más grande, pero he visto que a todo mundo se lo quiere mostrar. Lo tiene ahí debajo, en ese baúl – apuntó a un costado del buró que estaba junto a la cama.
– Pues creo que es hora de saber qué es todo ese tesoro.

La pequeña soltó un grito de triunfo y corrió hasta la cocina para contarles a sus papás.

– Son sólo algunas pequeñeces – dijo don Rubén sonrojado.
– Las cosas pequeñas a veces son las que en verdad valen la pena – contestó curiosa Rebeca.
– ¿Te quedas a comer? – preguntó Lidia cuando entraba en la habitación.

Los siguientes tres días fueron un alivio para ambos. El viejo por fin pudo mostrar aquel importante tesoro, acumulado en toda su vida y lleno de importantes momentos plasmados en cada una de las piezas que contenía aquel baúl.

Para cuando terminaron de mostrarse los tesoros, Rebeca se despidió y lo hizo para siempre. A pesar de eso, la reacción del viejo fue de triunfo, porque aquella mujer, joven, con la que los últimos meses había soñado varias veces en situaciones moralmente incómodas, había prestado interés en lo que él hacía mucho quería contar.

A la vuelta de dos años, una carta fue recibida en casa de Lidia. Rebeca contaba a don Rubén que gracias a las enseñanzas recibidas en aquellos escasos tres días, habían sido el parteaguas que había necesitado toda su vida. Había aprendido a recolectar los buenos momentos, las mejores experiencias y las iba convirtiendo en parte de su tesoro personal. Había aprendido a tomar la felicidad que fugazmente aparecía en su nueva vida y la aprovechaba al máximo. Lidia contestó la carta a nombre de su padre que había muerto dos meses atrás, feliz de que su tesoro había terminado en las manos correctas.

El baúl en el que alguna vez se resguardaron los mejores momentos de su abuelo, era ahora el mejor lugar para que Ángela, coleccionara sus propios momentos de felicidad.

martes, 27 de agosto de 2013

Sexto acto... El tesoro

Desde que enviudó, don Rubén tenía la esperanza de que el tesoro que construyó con su amada Toñita, fuera a parar en manos de alguno de sus hijos. Lamentablemente ninguno de ellos estaba interesado.

Rubén fue un joven aventurero y sobre todo, soñador. Cuando cumplió 25 años, Antonia se volvió su obsesión, pero ella estaba casada. La suerte siempre lo acompañó y por esos años, un gran incendio en el pueblo cegó la vida del dueño del almacén central y dejó viuda a la joven. Rubén se apersonó en primer lugar para consolarla. Desde ese momento todo fue un gran amor.

Temporadas buenas, regulares, malas y deplorables vivieron a lo largo de su matrimonio, pero él siempre estuvo atesorando cosas, con la esperanza de que en el futuro, cuando hubiera carencias, esos ahorros los sacaran de la crisis. Nunca más hubo tiempos difíciles. Pero siguió con su colección de tesoros, como lo llamaba.

A la larga, sus hijos, su esposa e incluso su pequeña nieta, fueron acostumbrándose a vivir con historias de grandes riquezas. Nadie nunca, ante la falta de pruebas, creyó esto. Sólo, el ya viejo Rubén, seguía insistiendo en que lo que tenía en su poder, era el tesoro más grande jamás visto.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Al tiempo...

La realidad es al futuro, lo que la cordura a un demente.... no planees el futuro con detalle, actúa disfrutando tu presente.

lunes, 30 de mayo de 2011

Las redes sociales como herramienta del cambio.

Egipto, Libia, Siria, España, son sólo ejemplos del buen uso que en realidad se les puede dar a las redes sociales entre la población. Y ahí no hay un “líder” aprovechándose del sentir de la población, sólo un grupo de personas que al unísono exigen resultados, cambios, en pro del bienestar común.

En unos más, en otros menos, el uso de las redes sociales entre las manifestaciones en los países antes mencionados, fue el apoyo que tuvieron los manifestantes para levantar la voz y ser escuchados, tanto en sus propios países, como en el resto del planeta. Ese es un buen uso, de los muchos que se les puede dar a estas herramientas tecnológicas que están a la mano de cualquiera.

En México debemos de considerarlas. Mucho es el descontento con “lideres legítimos o espurios”, que pretextando hacer el bien, se benefician solamente y poco es lo que hacen para quienes dicen “representar”. Y la pasividad con que todos nos movemos, por miedo, weba o simple comodidad, puede ser relegada y dar paso a manifestaciones masivas representadas por todos, sin miedo, sin weba y sobre todo con mucha incomodidad para que este país funcione. A falta de líderes, todos en un mismo movimiento, representemos las necesidades que a unos y otros nos aquejan, y seamos el motor del cambio que este país necesita.

A final de cuentas, la convocatoria, estaría disponible, a unos cuantos clics.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Nostalgia por el pasado.

Hoy, al despertar, antes de abrir bien los ojos, rogué a Dios que todo hubiera sido un horrible sueño, y que de aún tuviera diez años.
Estando aún con los ojos cerrados, recordé el aroma de mamá, siempre fresca. Todas las mañanas llegaba antes de poder apagar el despertador y de un gran manotazo, me descubría por completo de la ropa de cama. No me daba opción a flojear siquiera un minuto."La pereza al despertar es la peor de todas, porque no te deja ver lo hermosa que es la mañana", decía.
Acto seguido casi a rastras me llevaba hasta el baño, donde sobra decirlo, la regadera ya estaba arrojando esa cascada de agua tibia, pero que bien servía para despertar a cualquiera. Lo de mamá era precisión cronometrada, porque en lo que me bañaba, ella iba a la habitación de Raquel, mi hermana, y cumplía con el mismo ritual, para cuando yo salía del baño, mi hermana iba entrando. Nada se le iba.
El desayuno era discontinuo, porque yo salía antes que mi hermana hacía la escuela. Y por eso, la precisión del baño se cumplía casi siempre en la mesa. La escuela siempre me gustó, y fui un estudiante sobresaliente, y lo que más disfrutaba era la sonrisa de mamá al ver mis calificaciones.
Recuerdo el premio al haber obtenido el primer lugar de aprovechamiento de quinto año, algunas lágrimas rodaron por la mejillas de mi viejita linda. La secundaría y preparatoria fueron casi similares a la primaria, pero con la secrecía que va dando a los adolecentes la pubertad. Ya para la licenciatura, fue diferente, mamá no pudo pagar la carrera que quise y se dedicó a darme ánimos para lograr lo que me propusiera. Claro, no hubo mejor ayuda que esa.
Hoy, recostado en mi cama, me da miedo abrir los ojos y darme cuenta que mi viejita linda, en verdad ya hizo canas; que la violencia en la ciudad y la incertidumbre de no volver por la noche a casa no es una pesadilla; que mi hermanita no murió atropellada por un ebrio que regresaba de una noche de sexo y drogas mezcladas con alcohol. Me daba miedo aceptar que todo había cambiado y que mi niñez se había ido para nunca volver.
Abrí lentamente los ojos, y ella no estaba. Al menos físicamente. Pero siempre recordaré su olor, aún cuando detrás que aquellas paredes que formaban mi casa, una ciudad se mate día a día y no tenga la seguridad de que mañana, la recuerde entrando a mi habitación para desearme un excelente día.

martes, 15 de febrero de 2011

El desierto de las respuestas.

Cuando el desierto ardía más, Elena caminaba desorientada. El pollero que cinco días atrás le había cobrado los ahorros de todo un año, y sobre todo, jurado por diosito santo y su madrecita la virgen, cruzar la frontera para reunirse con su marido, la había abandonado junto con el resto de los migrantes.

Habían pasado unas cuantas horas de que el sol había aparecido en el horizonte, y ya sentía que los pies se le derretían. El calor la cegaba por completo. Detrás de ella, casi como una rémora, caminaba una chiquilla de apenas unos doce años. Nadie sabía el nombre del otro. Ni siquiera supieron cómo se llamaba el hombre que apenas unas dos horas antes se había desvanecido por la falta de agua. Nadie volteo atrás una vez que lo arrastraron hasta el arbusto, para que su muerte no fuera tan espantosa. De repente, como por obra de Dios, Elena vio ahí, frente a ella a su marido.

Juan había emigrado ilegalmente apenas dos meses después de casarse; tenía que ofrecerle una vida decorosa a la mujer que amó desde el primer momento de verla, pero no podría hacerlo con su trabajo de albañil. Él tenía que superarse. Elena no aguantó la soledad y se encaminó a encontrarlo. Ahora, ahí estaban, frente a frente.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, le toco el rostro. Alcanzó a besarlo antes de caer de rodillas sobre la arena. Agradeció al cielo haberlo llevado hasta ese lugar y con el último suspiro le dijo te amo.

Meses después, Juan buscaba por todos los medios posibles a Elena. Nunca la encontraría. Todas las preguntas sobre ella quedaron sin contestar. Todas las respuestas quedaron en el desierto, donde tantas y tantas preguntas pueden ser contestadas.

Tiempo al tiempo...

Ahora no me queda más que confiar en el tiempo… Ojalá que no sea mi enemigo y pueda recuperar lo que perdí.

jueves, 10 de febrero de 2011

viernes, 28 de enero de 2011

Comenzó hace un par de semanas...

"El dolor es inevitable, mientras que el sufrimiento es opcional" ….

He tratado no sufrir… ¡¡¡pero ah como duele!!!

martes, 28 de diciembre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

Octavo acto.

Fueron sólo unos meses, los que estuvieron felices a plenitud. Los problemas comenzaron cuando, por razones de trabajo, Alonso tuvo que ausentarse un par de semana de la ciudad. Los dos estaban animados porque eso significaba el preámbulo de un ascenso. La gerencia estaba cerca.
Pero una vez llegado a tan anhelado puesto, todo cambió. Sus llegadas tarde a casa, las constantes reuniones fuera de la ciudad y sobre todo, la falta de comunicación fueron mermando una relación que, apenas diez meses atrás, la habían jurado feliz para la eternidad.
"Viviré sólo para nosotros", le decía y ella sólo podía cerrar los ojos y abrazarlo. Él la sentía, la olía, y sabía que eso sería para siempre.
Recuerdos, es todo lo que les quedaba. Ahora, sólo había fríos besos en la mejilla. Todo se tornó insoportable. La cama, cuando la compartían, era para dormir dándose mutuamente la espalda. Ella casi gritaba por que la tomara y le hiciera el amor como nunca se hubieran imaginado. Él, sólo recordaba que mañana tenía junta a las diez en punto. Ella se masturbaba en silencio para saciar sus reprimidas necesidades de placer. Él, se quedaba dormido.

lunes, 23 de agosto de 2010

Mucho trabajo y poco tiempo para retomar el rumbo correcto...

Las bases que se deben de afianzar de una vez y para siempre es, que la educación debe de estar encima de cualquier otra premisa. Y esta se da primordialmente en casa, no en las escuelas ni en los lugares de culto, no. Si los padres son honestos, responsables, trabajadores, cívicos, respetuosos, y muchos etcéteras más, e inculcan en sus hijos dichos valores, el día de mañana no tendremos más violencia.

Los gobiernos deben de contribuir con escuelas de calidad que permitan a estas futuras generaciones tener acceso a más y mejores oportunidades, que les den las herramientas para poder desarrollarse. De nada sirven los apagafuegos sexenales en educación, si cuando llegue otro gobernante, del partido que sea, no se le dará continuidad a un proceso que arrancó seis años antes y que ni siquiera han podido mediar la problemática que se trazó. Los políticos, de todos los colores, deben de sentarse a diseñar una estrategia conjunta en cuestión educativa [y me refiero a las escuelas], con un sentido de responsabilidad, que pueda sacar al país del rezago que tiene en la materia, que sea a largo plazo y sobre todo que se respete en tiempos y formas, que las modificaciones que se hagan sobre esto sean para mejorar y que no sea replanteado cada seis años. Ya basta de estupideces que si es o no el presidente legítimo, ya basta de vociferar en contra de las instituciones, ya basta de ser los mecías de los desprotegidos y sean incluyentes. Esto se trata del futuro del país. Y no soy de ningún partido, ni apoyo incondicionalmente a un presidente limitado en sus estrategias, sólo quiero que todos nos pongamos a dialogar [y que este sea el comienzo de acciones], que se llegue a un consenso, que podamos entre todos sacar del desastre a este país, que orgullosos o no, es en dónde vivimos, y que si no hacemos algo ahora, las futuras generaciones, nada agradecerán de sus ancestros.

El ahora es un desastre. Que no es nuestra culpa, estoy de acuerdo, pero sí somos culpables de muchas de las realidades actuales, de la corrupción, de la contaminación y de muchos males más que actualmente nos aquejan. Seremos culpables de un futuro desastroso que verán [si es que lo llegan a ver], nuestros hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, choznos. Pensemos sólo un poco y pongamos en la balanza estas y muchas otras cuestiones que vemos a diario.

Señores políticos, se que para ustedes el término político(a) [para las mujeres, no digan que soy machista], es el de una persona que cobra, discute, no propone y se dedica a criticar a sus adversarios y que en sus ratos libres y si le quedan ganas trata de hacer algo por sus representados [cuando es autoridad]. Y si estoy equivocado, eso es lo que demuestran.

Señores periodistas, entiendo que su trabajo es informar, y claro, señalar las cosas que se hacen mal. Pero creo que es el momento de ser éticos e informar, no de filtrar información para su beneficio. Además, creo que por deber moral, y en su trinchera [al tener acceso y experiencia de muchas cuestiones que nos aquejan], es hora de proponer.

Todos tenemos mucho trabajo que hacer. Todos tenemos la responsabilidad de sacar adelante a este país, y los que hemos dicho o pensado que este es un mal que es responsabilidad de gobiernos anteriores, lamentablemente debemos de entender que es un padecimiento actual, y que si seguimos anclados en el pasado, en buscar culpables [que muchos ya están muertos para beneficio de todos], poco se hará.

Se cumplirán 200 años del inicio de una independencia y 100 años de una revolución. Festejemos estos dos acontecimientos, actuando. Es hora de una revolución intelectual. Entendamos que este país necesita de su gente.

Es hora de actuar.

jueves, 15 de julio de 2010

Tarde de lluvia.


Que satisfacción me provoca la lluvia sin estrés, cuando cae copiosamente, sin viento, sin rayos, sólo agua a más no poder. Es relajante, gratificante, me fascina.

 

Ver llover desde mi ventana, en la tranquilidad de mi habitación, es simplemente un regalo del cielo.

martes, 22 de junio de 2010

El camino a mi mismo.

Prefiero tener que besar el polvo, antes que vender mi orgullo ante el autoritarismo de pensamiento…

Caminé unos pasos antes de darme cuenta del gran daño que le haría a algunos al tomar esa decisión. Pero ya estaba hecha. Nunca voltee para despedirme. Caminé lo más rápido posible mientras mis mejillas se humectaban por las lágrimas nacidas en mis ojos. Nunca volví. A partir de ese momento fui libre de mi mismo. Fui.